26 oct 2007

Lola G. Luna, El sujeto sufragista, feminismo y feminidad en Colombia, 1930-1957 Ed. La Manzana de la Discordia, Centro de Estudios de Género, Universidad del valle, Cali, 2004


Presentación

Este libro parte de un doble vínculo historiográfico: la historia de las mujeres y la historia política renovada. El objetivo es analizar los discursos colombianos que interactuaron en las tres décadas que se estudian mediante los cuales se construyó un sujeto sufragista colectivo y plural a partir de las identidades femeninas preexistentes. En ese sujeto sufragista observo un feminismo naciente construido en el discurso moderno de la igualdad, pero adaptado a la diferencia sexual, en donde sobresale la idea de la colaboración y la compatibilidad de la domesticidad de las mujeres con la participación en la política y en el mundo laboral, pudiendo decirse que hay un contemporización del discurso conservador y el moderno liberal. Las feministas actúan junto a un sujeto sufragista construido en el discurso católico conservador que a su vez participa del discurso moderno en lo que se refiere a educar a las mujeres y reconocerles el derecho a votar, pero con la finalidad de que sigan siendo las "reinas del hogar", una reinas ahora "ilustradas". En el análisis llamo la atención sobre los significados de género contenidos en el lenguaje, especialmente los que se refieren al feminismo, la feminidad y el materialismo que son las claves del debate.

Lola G. Luna


Índice

- Introducción : Repensar nuevas historias con nuevos enfoques en la histogra colombiana
- Capítulo 1: La historia feminista del género y la cuestión del sujeto
- Capítulo 2: La construcción del sujeto maternal y el sujeto en el discurso colombiano (1930-1957)
- Capítulo 3: Feminismo y feminidad (1930-1943)
- Capítulo 4: Acción y significados sufragistas
- Capítulo 5: El logro del voto feminista en Colombia
- Fuentes.



********************************************************************

Reseña de
Norma Villarreal Méndez, en Lectora, Revista de Mujeres y Textualidad, nº 12: Feminismos del siglo XXI Universidad Autónoma de Barcelona, 2007.

El trabajo de Lola Luna es un documento obligado de interpretación del proceso del sufragismo colombiano. Profundiza los análisis anteriores propios y ajenos para aportar a la comprensión del momento histórico que vivieron las colombianas reclamando sus derechos políticos. La autora combina en su análisis los acontecimientos discursivos y la realidad social que articulaban los discursos de la época. El escenario de las movilizaciones por el derecho al sufragio se caracteriza por los intentos de introducir y fortalecer una modernidad política recortada y una inclusión social y regional precaria junto a un enfrentamiento político bipartidista por el control del poder. Esta puja desató la conocida violencia en Colombia, que es para algunos analistas, origen del conflicto armado que ha vivido Colombia durante el siglo XX y estos años del presente siglo.

El movimiento sufragista que se extendió desde la década de los cuarenta y que finalizó en 1957 resulta aparentemente paradójico pues en él coexistieron un feminismo conservador, un feminismo liberal y un feminismo socialista. El estudio de las organizaciones vinculadas al movimiento, al origen de los liderazgos, las alianzas y sobre todo de las propuestas contenidas en sus discursos, señalan claramente esas coincidencias.

Los estudios que se han hecho del periodo, muestran dos realidades: en primer lugar que tanto el partido liberal como por el partido conservador había interés (aunque en algunas fracciones de estos partidos se temía) por el voto de las mujeres. Captar el voto femenino podría garantizar una ventaja sobre el rival para imponerse sobre el otro. En segundo lugar que el discurso modernizador liberal y el discurso conservador estaban mediados por un enfoque patriarcalista

Frente a las características que muestra el sufragismo colombiano, la importancia del libro que comentamos es doble: de orden metodológico e histórico. Por un lado, propone un enfoque interpretativo del proceso que alumbra el cómo abordar las luchas de las mujeres. Por otro, cuando ella subraya la coincidencia de las vertientes liberal, caracterizada por un discurso modernizador y la anclada en el discurso conservador, en el reclamo de los derechos políticos para las mujeres, señala la configuración de dos discursos en torno a la ciudadanía: la del feminismo y la de la feminidad.

El discurso de la ciudadanía de las mujeres que llegó a la América Hispana con retraso. Se materializó en una Colombia que estaba saliendo del dominio conservador y que buscaba una apertura a la modernidad; que reclamaba la participación de las mujeres para construir una mejor sociedad, demandando reformas políticas para que nuevas colectividades participaran en la vida nacional; que intentaba una sociedad más equitativa con campesinos y trabajadores.

Igualmente Luna señala como el discurso se nutrió de las categorías conservadoras que mantenían un dominio centralista y un cuasi control eclesial de la sociedad y del Estado, que querían hacer de las mujeres el paradigma de lo bello, lo bueno, lo puro, a imagen y semejanza de la figura de María, madre, la perfección. Con esta construcción desde el género, emblemática de la mujer-madre-esposa-virtuosa se hace público el reclamo de la ciudadanía. El discurso compartido sobre las mujeres tenía sus énfasis; dentro de un enfoque moral-religioso se apoyaba en las categorías del bien y del mal, para argumentar que las cualidades de bondad propias de las mujeres pasarían también a la sociedad, cuando ella pudiera tener decisiones sobre el gobierno de la República. También daba a la educación singular importancia; en una visión propia del pensamiento ilustrado le concedía un papel estratégico para saldar el abismo de la ignorancia que le impedía trascender a la vida social y a los círculos intelectuales y políticos.

La lectura del libro nos lleva a repensar la razón de la coincidencia de los discursos sobre la sociedad colombiana de esa época (y acaso de la actual). Aquí la articulación con del acontecimiento histórico con la estructura nos da evidencias de la importancia de los orígenes y desarrollos discursivos. La separación del Estado y de la iglesia es muy reciente; apenas en 1991 se logró una Constitución laica. Los partidos no presentan una frontera muy nítida con respecto a sus propuestas. Parece que existieran liberales conservadores y conservadores liberales. La propuesta socialista a veces se confunde con los planteamientos liberales y viceversa.

El análisis que hace la autora sobre la forma como opera la elaboración de los discursos en su interacción con la realidad se entiende la aparente contradictoria similitud. Dice Lola Luna en el primer capítulo que: “La realidad social es el referente material de los conceptos, pero no su causa, la causa de los conceptos es su causa anterior” (Luna: 25). Para ella esta circunstancia de coincidencia de los discursos, o los discursos “compartidos” que se presentan en el sufragismo colombiano tienen que ver con que los discursos que se expresan en el escenario colombiano de los años cuarenta y cincuenta, el liberal, el socialista y el feminista tiene un origen común en el discurso de la modernidad: el discurso patriarcal que asignaban a la mujer al ámbito doméstico y la excluían de la vida pública. En verdad todos los planteamientos sobre el estado y la sociedad se derivaban del espíritu moderno del siglo XVIII que mantuvo la discriminación, que ahogó el reclamo de Olimpe de Gouge y de otras mujeres y que les en asignó el papel de ser buenas madres para la crianza de buenos ciudadanos para la república. Ese fue la herencia sobre la cual también se constituyó el Estado y la sociedad colombiana. Es entonces entendible, en la explicación de la autora, que los discursos sobre el voto de las mujeres colombianas en esa época, -y podría añadirse que los de ahora sobre temas que atañen a la vida pública y privada de las mujeres, contra la despenalización del aborto o a la plena participación política -, presenten coincidencias en los distintas fracciones de los partidos.

En la investigación que hice (1994)[1] encontré que al interior de cada uno de los partidos se conformaron fracciones que llegaron a compartir discursos con fracciones de otros partidos. También las mujeres participaban de las distintas fracciones. Aunque ellas no habían alcanzado el voto, era clara su militancia partidista. En las del partido liberal hubo dos líneas, una más popular o doctrinaria, de donde surgieron feministas más comprometidas que estuvieron cercanas a las feministas socialistas. Su feminismo se nutría del pensamiento liberal ilustrado, pues significaba igualdad, libertad, justicia y democracia. Pero también hubo una línea más convencional dentro de las sufragistas liberales que consideraba el voto como un fin en sí mismo. El sufragio como instrumento de mantenimiento del estatuto de la mujer dependiente y atravesada por lo doméstico es claro en el discurso de la iglesia. Dentro de las sufragistas conservadoras el tema de la familia tenía la mayor importancia. Luna señala como las sufragistas conservadoras seguían la doctrina oficial de la iglesia católica según la cual las mujeres deberían movilizarse para obtener el voto pues con ello se aseguraba la defensa del hogar cristiano. Además, su intención en influir con políticas asistenciales, se notaba en sus discursos.

Cuando la movilización política ocupó el escenario social, las sufragistas tuvieron una presencia muy visible. El discurso mas modernizante hizo parte de las actuaciones de los partidos y capas más progresistas. El reclamo del voto y de la participación en la vida nacional trascendió de los sectores medios de mujeres a las mujeres populares. En los barrios y en las manifestaciones de los sectores obreros, mujeres trabajadoras reclamaban desde el socialismo el derecho a votar por los mejores y a tener mujeres en el gobierno para cambiar la sociedad haciéndola mas justa.

El periodo comprendido entre 1944 y 1948 fue un tiempo muy activo; talvez el de mayor movilización y reclamo feminista. La narración de esta etapa comprende capitulo 4 del libro. El escenario internacional que había sido importante en la década del 30 para promover cambios institucionales ahora era estratégico en las movilizaciones por la participación política, la paz y en la preparación de la carta de los derechos humanos. Las mujeres tenían un acumulado en materia de educación que estalló ante la discriminación laboral de la que fue objeto una mujer abogada. En el capitulo se recogen las movilizaciones, acciones y organizaciones de las mujeres para visibilizarse. Consiguieron el apoyo de políticos para la presentación de proyectos de ley favorables al voto, pero simultáneamente enfrentaron la reacción patriarcal mas adversa orquestada desde el Ministerio de Educación y periódicos de la época. Dirigentes como Ofelia Uribe y Lucila Rubio de Laverde, liberal la una y socialista la otra, utilizaron la prensa y la radio para comunicarse masivamente con las mujeres y aclararles que en ninguna forma la participación en política iba en desmedro de la feminidad, ni atentaba contra la familia. Pero la reacción autoritaria que sembró de sangre al país, paralizó a las mujeres. Lo que siguió fue un período de intimidación. El reclamo por los derechos políticos de las mujeres tuvo que trastocarse en el reclamo por la vida y a vivir en paz.

Entre las liberales había consenso respecto de los temas más generales. Junto con las socialistas reclamaban igualdad frente al trabajo, frente a las oportunidades educativas, la autonomía personal y la posibilidad de obtener y disponer de bienes materiales. Coincidían con las sufragistas conservadoras en los valores de justicia y honestidad en lo personal y en lo social, para que nadie se apropiara de lo ajeno bajo ningún concepto. En su discurso más libertario clamaban para que no se maltratara o violentara la vida de nadie, que todos pudieran ejercer una vida digna y que nadie influenciara a otros su pensamiento, ni lo conminara por la fuerza a pensar y a actuar en función de otros, y que las decisiones se tomaran de acuerdo a la conveniencia del interesado.

Cuando la violencia partidista se generaliza el lugar de las demandas se estrecha. El discurso tuvo un tono de supervivencia colectiva que se expresó menos en movilización por el reclamo y se concreta en el diseño de una estrategia de negociación política, enmarcada dentro del escenario político de la violencia y el discurso vigente de la pacificación. Las feministas más radicales no fueron protagonistas en el momento de negociar la aprobación del voto. Pero las feministas conservadoras y las moderadas sufragistas liberales que asistieron a la negociación del voto en la Asamblea nacional Constituyente, también señala Luna, basándose en testimonios y documentos, tuvieron que desvelar las argucias de los políticos que querían mediante pactos patriarcales, restringir el voto. En esa coyuntura todas las mujeres, liberales y socialistas, siendo opositoras del régimen, dieron respaldo a quienes estaban negociando el derecho al voto. Aunque se logró en 1954, sólo pudo hacerse efectivo en 1957. Luna señala que después de la aprobación del voto reaparecieron discursos que contenían los mismos elementos de divergencia. El sufragismo conservador consideraba necesario centrarse en la mejora del hogar y el reforzamiento de los partidos tradicionales. Las socialistas se preocuparon por elevar el bienestar de los niños y las mujeres trabajadoras. Se opusieron a la creación de una fuerza femenina que planteó expresiones del feminismo radical. Este sector promovía una participación en igualdad junto con los hombres en las distintas esferas y la posibilidad de una estrategia de tercera fuerza como salida al bipartidismo en crisis, conjuntamente con una propuesta para conseguir la paz.

Los señalamientos que hace la autora dan lugar a repensar la forma como se generado la acción colectiva y la lucha política de las mujeres para la elaboración de sus intereses y el desarrollo de alianzas. Las identidades partidistas o religiosas de las mujeres, pueden ser trascendidas cuando el discurso elaborado muestra, al más alto nivel de generalidad, la exclusión de que son objeto en los distintos espacios. Después la acción política se suele expresar ligadas a las otras identidades y a otros discursos.



[1] Luna Lola y Villarreal Norma (1994) Historia Género y Política Movimiento de Mujeres y Participación Política en Colombia 1930-1991, Seminario Interdisciplinar Mujeres y Sociedad Universidad de Barcelona

***********************************************

Artículo en línea, capítulo 1 del libro, La historia feminista del género y la cuestión del sujeto



F. A. H. ist ein für die Verbreitung historischer Forschungsarbeiten gedachter Raum, mit dem Gedanken es interdisziplinär ausfzubauen und mit dem Willen den historischen Kenntnissaustausch auf beiden Seiten des Atlantischen Ozeans zu verbreiten.
Es soll auch als interaktive Startbahn für fortgeschrittene Historiker für die Renovierung der Geschichte dienen. Die moderne Gesellschaft sucht eine erneuerte redefinierte Geschichte und aus diesem Grund ist es heutzutage verpflichtet an den neuen digitalen Kulturen teilzunehmen.Mit dieser Absicht hoffen wir dass unser Dabeisein im Netz irgend wann einen Beitragwird, das ist wofür wir arbeiten

Eure Vorschläge und Mitarbeiten sind willkommen.




Les “Fronts Avançés de l’Histoire”est un espace de diffusion pour des travaux de recherche historique. Il est posé avec la vocation à l’interdiscipline et la volonté pour favoriser l’échange de la connoissance historique dans le cadre des cultures hispaniques aux deux côtés de l’Océan Atlantique. En outre, il est essayé pour servir de plateforme interactive aux propositions historiographiques qui postulent la rénovation de l’histoire. Un rénovation qui est exigée par les sociétés du présent. Par conséquent, un des objectifs prioritarios est de participer au mouvement des nouvelles cultures de l’information. Nous espérons qu’un jour notre présence dans l’Internet constitue une contribution dans ce processus de la rénovation de l’histoire. Nous travaillons pour l’obtenir. Vous pouvez nous aider avec ses suggestions et collaborations.


Frentes Avanzados de la Historia (Advanced Fronts of History) is a space devoted to the diffusion of historical researchworks, that has been opened up with an interdisciplinary vocation, and the will to promote the exchange of historical knowledge within the scope of Hispanic cultures on both shores of the Atlantic. It is also meant to serve as an interactive platform for historiographical proposals that set out demands for the renovation of History, and are necessarily involved in the kind of redefinition of History that is being demanded by present day societies. Along this line of commitment, it is our prior objective to participate in the new digital culture movement, into which global communities of historians have already launched forth with full authority. On these premises, we hope that one day our presence in the Web will represent a real contribution.



4 oct 2007

Lola G. Luna, Los movimientos de mujeres en América Latina y la renovación de la historia política, Centro de Estudios de Género Mujer y Sociedad, Universidad del Valle, La Manzana de la Discordia, Cali, Colombia, 2003, 100 páginas.


Presentación
de la autora, contraportada del libro.

Parto de la apreciación lógica de la naturaleza política de las luchas de las mujeres, especialmente de los movimientos feministas, de los movimientos de madres contra la violencia y de los movimientos por la supervivencia politizados. Todos ellos han producido resultados de carácter político: cambios en las leyes y en las instituciones, nuevas legislaciones e instancias específicas con programas propios para resolver sus problemas, y lo que es más importante: cambio en las mentalidades y en la vida cotidiana.

Sin embargo, hasta ahora en la investigación de los desposeídos y las masas, no se han incorporado suficientemente los temas de historia política de las mujeres, como son: los diferentes movimientos de mujeres ya señalados, la participación de mujeres en los movimientos políticos masculinos partidistas y sindicales, sus relaciones con el Estado y las instituciones para la igualdad, las biografías de las líderes, etc. En cuanto a las posibilidades del género para el análisis político hay un desentendimiento total y no se encuentra, en la corriente central (o mainstream) de la historiografía general, referencias a obras que ya existen muy consistentes en esta línea de la historia de las mujeres. No obstante, siguiendo con el ejemplo de los movimientos de mujeres, voy a señalar cómo su historia se inserta en algunas de las preocupaciones de la historia política actual, para mostrar cómo la inclusión de la primera en la segunda puede llegar a ser fructífera para ambas.

Lola G. Luna



Reseña, en Boletín americanista, nº 54.

El libro está conformado por una compilación de cuatro artículos elaborados en diferentes momentos y reelaborados como capítulos para esta publicación por la profesora Lola G. Luna, de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona. El texto presenta los resultados de una investigación de varios años que desarrolla las posibilidades analíticas del género, aplicadas al campo de la historia política contemporánea. La exclusión de las mujeres en el discurso liberal de la modernidad, los límites de la democracia cuando se trata de ellas, el maternalismo como condición que posibilita la inclusión, el surgimiento de una pluralidad de movimientos de mujeres en contextos discursivos distintos, son los principales motivos de la reflexión.

La teoría del género propuesta por la historiadora estadounidense Joan Scott, constituye la opción interpretativa asumida por la autora, entendida no sólo como los roles sociales o las relaciones sociales sino como un campo primario en el que se articulan las relaciones de poder y los significados establecidos a partir de la diferencia sexual. En otros términos, el género entendido como el discurso de la diferencia sexual.

Este ejercicio integra las conclusiones de una mirada aguda a diversos ensayos historiográficos que, a la vez que dan cuenta de la exclusión de las mujeres, también permiten observar los desarrollos sobre la visualización de su presencia. Se subrayan las interpretaciones que explican la exclusión desde los determinantes sociales y económicos y se señalan los silencios sobre la historia política de las mujeres. Se exponen además los resultados de un trabajo videográfico realizado por la autora en diversos eventos de carácter político y que dan cuenta de experiencias de las mujeres latinoamericanas en sus ensayos participativos. Las entrevistas, la revisión de prensa y la bibliografía consultada, soportan de manera consistente los contenidos desarrollados.

La introducción es una síntesis de varios balances historiográficos y en ella la autora expresa su preocupación sobre la manera como es posible insertar la historia política de las mujeres en la historiografía general ya que, no se trata de un objeto de estudio aislado y más bien, la inclusión contribuye a la renovación de la historia política. Sustenta la naturaleza política de las luchas de las mujeres, en especial los movimientos feministas, los de las madres contra la violencia o por la superviencia cuando se trata de movimientos politizados. Todos ellos, han producido resultados tales como cambios en las leyes e instituciones, nuevas legislaciones e instancias en las que se resuelven los problemas específicos y además, producen cambios en las mentalidades y en la vida cotidiana (página 13). Las perspectivas de desarrollo que se visualizan en términos de algunas temáticas generales, se refieren a las acciones de las mujeres que tienen que ver con el poder, la participación, las instituciones, el Estado, el sistema político. Luego propone los temas que atañen al liberalismo y a la democracia, es decir, la exclusión del ejercicio de derechos ciudadanos y la inclusión por motivos diferentes a los masculinos. Un tema a su juicio relevante y que suscita una gran controversia es la explicación de la lenta conquista de la igualdad en las democracias occidentales y accidentalizadas que ha requerido de las medidas de discriminación positiva, las cuales suscitan resistencias.

El capítulo primero titulado Para una historia política con actores reales (páginas 31 a 43), es un ensayo de carácter historiográfico en el que se plantea la manera como se inserta la historia de las mujeres en el presente, cuando surgen nuevos objetos de estudio y enfoques históricos renovadores. Se propone la diferencia sexual como un objeto a historiar a partir del enfoque teórico del género como una vía para redefinir las limitaciones del punto de vista del patriarcado que, reduce las acciones de las mujeres a la pasividad y al papel de victimas. Lola G. Luna recupera en las obras de Kate Millet y Gerda Lerner las elaboraciones sobre el patriarcado y su aproximación a lo político del género, en el diálogo con el pensamiento marxista que, respondía a los determinantes económicos de la dominación de clase pero que resultaba insuficiente para explicar la dominación de las mujeres. Con base en la lectura del trabajo de Millet, enfatiza la dominación sexual de las mujeres y encuentra en Lerner el elemento novedoso de la devaluación simbólica de las mujeres en relación con lo divino.

El segundo capítulo, Los movimientos de mujeres como la otra cara de la política: Género, exclusión e inclusión en el caso latinoamericano, (paginas 46 a 63) presenta la interpelación del feminismo a los autores que construyeron la ciencia política en occidente. Desde Aristóteles, pasando por San Agustín y Maquiavelo, hasta los teóricos del contrato social. Si bien estas ideas son plasmada en líneas breves, son categóricas y nítidas, al mostrar la construcción de las asociaciones que sustentan la división entre la vida pública y el mundo privado, que remiten a las adscripciones de las mujeres al mundo privado y a al reproducción y a los hombres al público. Se aborda la diferencia y el género en la renovación de la historia política con base en la crítica al eurocentrismo occidental, perspectiva desde la cual se ha interpretado la historia de América. Se recoge el planteamiento de Todorov respecto a la otredad, la cual tiene que ver con las diferencias étnicas, culturales de clase, entre mujeres y hombres. Gran parte de los historiadores de la política, están en deuda con la inclusión de la diferencia sexual. Las demás diferencias si han sido consideradas relevantes. La ilustración de esa omisión la ofrece François Xavier Guerra quien propone la historia con actores reales y no incluye a las mujeres. La hipótesis de la inclusión maternalista, se confirma en el caso latinoamericano en diversos movimientos sociales.

En el capítulo tercero Contextos discursivos de género y movimientos de mujeres en América Latina (65 a 84), se desarrolla la idea de que los movimientos de mujeres, sujetos políticos múltiples, se han formado en contextos discursivos. Los movimientos sufragistas surgieron en virtud de la exclusión los derechos ciudadanos plantada por el liberalismo. El feminismo de los años setenta, surgió en contextos de la democracia desigual. El desarrollismo y la crisis, propiciaron las organizaciones de las madres de los sectores populares en relación con las políticas asistenciales de los estados. Las dictaduras, las guerras y la violencia, dieron lugar a las organizaciones de madres para la recuperación de los hijos y las hijas desaparecidos. En este capitulo se logra conceptuar el maternalismo en cuanto construcción nuclear a la feminidad (páginas 67 y 68) con contenidos de poder que ha posibilitado la influencia de las mujeres pero que a la vez las ha limitado, definiéndolas y reconociéndolas por su capacidad reproductiva por encima de cualquier otra función social.

Maternalismo y Discurso Gaitanista, Colombia 1944-48 es el título del capítulo cuarto. La advertencia inicial sobre la brevedad del lapso analizado, es justificada por la autora al plantear que se trata de un sub-periodo concreto y significativo del movimiento sufragista colombiano. En aquel momento se presentaron varios proyectos de ley para reconocer el voto a las mujeres y el debate público fue álgido. La síntesis del perfil político del líder populista colombiano Jorge Eliécer Gaitán, muestra sus intenciones incluyentes y la fuerza del discurso maternalista en sus planteamientos. Tal intención, se proyectaba hacia el reconocimiento de las mujeres como un importante caudal electoral. La articulación del discurso de la modernidad sobre las mujeres, construyó y reconstruyó la identidad entre la mujer y la madre. La autora informa que la participación de las mujeres está documentado de manera suficiente, lo mismo que, su papel decorativo tradicional. En gran medida se sintieron interpretadas por el maternalismo.

Este libro ofrece una lectura estimulante cuando en Colombia, en el año 2004 se conmemora el cincuentenario del Sufragio femenino en el país y a la vez, en momentos en que se ensayan opciones políticas alternativas con intenciones incluyentes, en especial, en el gobierno de Bogotá Distrito Capital.


Reseña de Anayanci Fregoso Centeno "El maternalismo en los movimientos de mujeres de América Latina", en La Ventana, nº 21, 2005, Ed. Centro de Estudios de Género,Universidad de Guadalajara, México, págs. 319-323. En línea: pdf

Sara Beatriz Guardia. José Carlos Mariátegui. Una visión de género. Lima: Editorial Minerva, 2006.


Prólogo de Marco Martos, presidente de la Academia Peruana de la Lengua y decano de la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Tenía José Carlos Mariátegui solo catorce años en 1909 cuando ingresó a los talleres de La Prensa para desarrollar labores auxiliares. Poco a poco fue alcanzando importancia dentro del diario. De llevar y traer artículos fue luego encargado de redactar las crónicas de algunos incidentes locales y escribir artículos desde 1914 que firmaba con el seudónimo de Juan Croniqueur. Pasó luego a la redacción de El Tiempo entre 1915 y 1916 pues se sintió atraído por la calidad aristocrática de la hípica; aludiendo más tarde a toda esta etapa dijo que había sido su edad de piedra. La llamada edad de piedra no es otra que la época de su formación, tiempo de enfebrecida actividad periodística.

José Carlos Mariátegui. Una visión de género, de Sara Beatriz Guardia, empieza precisamente en esta etapa con un trabajo que laboriosa y cuidadosamente descubre a un Mariátegui todavía conservador en relación a la mujer. Muy distinta a su postura durante su fase europea (1920-1923), tal como podemos ver en el capítulo titulado: Ética y cuestión femenina; así como durante los años que vivió en el Lima hasta su muerte en 1930.

A partir de 1923, Mariátegui desarrolló en el Perú una labor intelectual verdaderamente titánica que no tiene parangón en el siglo XX. Se esforzó por explicar a sus compatriotas la situación europea y por investigar la realidad nacional, conforme al método marxista. Explicó en la Universidad Popular González Prada entre 1923 y 1924 los problemas de la post-guerra europea y asumió la dirección de la revista Claridad cuando Víctor Raúl Haya de la Torre fue deportado; fue entonces cuando procuró impulsar el Frente Único de Trabajadores. Fundó la editorial Minerva en 1925, la revista Amauta en 1926 y el periódico Labor en 1928; al mismo tiempo colaboró asiduamente en los semanarios Mundial y Variedades y fundó el Partido Socialista el 16 de setiembre de 1928, y envió delegados a la primera Conferencia Comunista Latinoamericana de Montevideo, en 1929; organizó también la Confederación General de Trabajadores en 1929 y envió una delegación a la primera Conferencia Sindical Latinoamericana en 1929.

Acompaña a toda su vasta producción y actividad política, artículos y referencias sobre la cuestión femenina, y sobre escritoras y artistas mujeres, que Sara Beatriz Guardia nos ofrece con puntual precisión. El mérito de este libro es la mirada femenina a un Mariátegui que no se ha investigado, y que nos permite una mayor aproximación a mujeres de valía intelectual y artística.

Destaca, entre otros aciertos de 7 Ensayos, una afirmación sobre la que no se ha detenido la crítica posterior, es el temprano reconocimiento de la calidad literaria de Magda Portal cuyo rol en la cultura peruana ha quedado claro con el transcurrir del tiempo. Magda Portal es una adelantada, un símbolo de lucha de las mujeres en el terreno político, en el desarrollo de sus capacidades intelectuales y afectivas, en el reclamo permanente, más allá de toda moda o capilla, de la igualdad definitiva entre el hombre y la mujer. Adelantada, como otras mujeres que desfilan en las páginas de este libro con asombrosa presencia porque qué duda cabe, tenían la fuerza tranquila capaz de cambiar el mundo.

Durante muchos siglos y ahora mismo, la mujer en América Latina y en el resto del mundo ha vivido y vive inmersa en una sociedad patriarcal, que si bien se ve obligada por la fuerza de las circunstancias a ceder poco a poco algunos de sus privilegios, conserva tenazmente los núcleos centrales de poder que se niega a compartir con sus congéneres mujeres. Pero de modo inevitable las mujeres van penetrando en todos los quehaceres humanos. Las universidades, los centros de trabajo, los laboratorios científicos, las bibliotecas, los centros deportivos, las calles, las plazas, los lugares más recónditos y apartados; todo lo que podamos imaginar, esta colmado de mujeres. Ellas han abandonado migas y gineceos, cocinas, vestíbulos y zaguanes, patios interiores y conventos, para mezclarse a veces con aspereza, siempre con ternura, con todos los hombres.

Asistimos a un cambio revolucionario de mentalidades de mujeres y varones. Una revolución tan importante como la revolución industrial de otra época y tanto como la revolución de las comunicaciones que vivimos día a día y que nos lleva a lo desconocido como la carabela "Santa María" que trajo a Cristóbal Colón a América. La urdimbre de la sociedad patriarcal hace décadas que muestra su fatiga. Las mujeres la están destruyendo poco a poco, en silencio y con calma, con suaves ademanes. Los jóvenes que se inician a la vida adulta, todavía vivirán seguramente los tiempos finales de las sociedades patriarcales. Pero sus hijos, ya vivirán el derrumbe y el comienzo de una sociedad nueva en la que mujeres y hombres compartan absolutamente todas las responsabilidades de un modo natural, sin resabios de resentimiento.

La historia de la humanidad, tal como nos la cuentan en escuelas y liceos, en universidades y en investigaciones imagina al ser humano como un individuo político que necesita de ciudades, de capitales, de bibliotecas, de catedrales, de representaciones diplomáticas. Pero no es así, lo que llamamos prehistoria es el trecho mayor de la vida del ser humano. En ese largo periodo lo que se llama vida consistía únicamente en traer a la existencia nuevos hombres a partir de los existentes. Las hordas eran especies de islas flotantes que avanzaban lentamente, de modo espontáneo, por los ríos de la vieja naturaleza. La horda es la reposición de sí misma en su propio linaje. En la horda nace la empatía por los propios miembros, la camaradería por quienes son iguales a nosotros.

Algo del espíritu de la horda vive en las familias, en los barrios, en los clubes deportivos, en los partidos políticos, en la idea de nación. Viajamos con esa marca por el mundo, nos especializamos, creemos alejarnos de los orígenes pero aun así, llevamos una especie de campana de cristal que nos protege de lo desconocido. Creyendo hallar lo diferente, buscamos a nuestros pares en el mundo. Existen otros clubes, el de los biólogos, el de los historiadores, el de los químicos, el de los ciclistas, el de cualquier cosa imaginable.

El arte de la política, reservado, como tantas cosas a los hombres, durante milenios ha consistido en galvanizar a enormes familias, en hordas en favor de una idea común. Lo importante en la historia de las naciones es que se ha ido creando un cultivado liderazgo que ha sabido con mayor o menor fortuna convencer a los ciudadanos de la importancia de tener un futuro común, pues no importa tanto el pasado compartido, ni la lengua, ni el territorio, sino la voluntad de vivir juntos, de estar en un mismo barco. Es tan poderoso este deseo que lleva a grandes sacrificios, a guerras defensivas o de conquista, a verdaderas hazañas en la construcción de lo diferente. Las elites, como se dice ahora en castellano, de cualquier tipo o rango, se separan de la horda, para constituir una especie de superhorda, la de los elegidos, los administradores, la clase gobernante. Para nadie es un secreto que en este momento en todo el mundo, no solamente en el Perú, no solamente en los países más desarrollados, casi sin excepción posible, se vive una crisis en la capacidad de gobernar. Los políticos no están a la altura de las circunstancias.

Demasiado agotados en su lucha por ganar el poder, cuando lo obtienen, se dejan ganar con facilidad por el oropel o la vida muelle, cumplen como pueden sus obligaciones, es decir mal, salen del paso y dejan descontentas a todas las hordas de las que salieron y que los llevaron a esa situación de privilegio, creyendo hacer una buena elección.

Pareciera, y nadie lo ha desmentido en tiempos recientes, que administrar un Estado, es administrar la injusticia. Los gobernantes muy pronto alientan a camarillas que se sirven del poder para satisfacer pequeñas o grandes apetencias personales. Los escándalos financieros en distintos países del mundo, tiñen con su manto de ignominia a los poderosos, esos mismos que dan grandes discursos para combatir la pobreza y llevar la justicia social a todos los rincones de una comunidad. Una visión pesimista, de la capacidad del hombre para gobernarse actualmente, la tiene Peter Sloterdijk, el filósofo alemán que ahora es escuchado con respeto en distintos foros y por los jóvenes europeos. Parece deducirse de su pensamiento que en este conflicto entre gobernantes y gobernados, entre centro y periferias donde se desarrollan las rebeliones, la única posibilidad sensata y verdaderamente democrática, sabiendo que el poder en una comunidad siempre está a punto de cometer injusticias, es procurar cometerlas en menor proporción. Los liderazgos, deducimos, tienen que ser menos ostentosos y visibles, más enraizados en la vida común. Y este es el punto al que queríamos llegar. La necesidad real no solamente de incluir mujeres en los distintos escalones del poder, sino que su punto de vista, la lógica femenina para actuar, tenga iguales posibilidades de realización que la lógica masculina, que nos ha llevado a la situación que ahora hay que revertir.

Han sido mujeres, a lo largo de la historia las que han puesto el acento en aspectos positivos de la especie humana. La mujer que se ha abierto paso en la sociedad patriarcal es aquella dotada de "ánimus", ánimo, lo que escondía Sor Juan Inés de la Cruz, lo que mostraba Teresa de Ávila, lo que escribía Magda Portal, lo que tiene Blanca Varela. ¿Cómo aludir a esa potencia, a ese indesmayable ardor que las lleva a cambiar las sociedades? Creo que la podemos llamar fuerza tranquila. A esa fuerza tranquila de las mujeres que está cambiando el mundo y que no cabe sino llamarla revolucionaria, mi más profundo homenaje.

Fuerza tranquila es lo que tienen mujeres como Marguerite Yourcenar, indesmayable escribiendo a lo largo de décadas sobre algunos de los mitos más caros de la especie humana, el mito de la sabiduría de la senectud a través del emperador romano Adriano o el mito de las bondades del conocimiento a través de Zenón, el personaje renacentista, médico, rebelde sacerdote, científico. Fuerza tranquila es la que posee Julia Kristeva investigando las enfermedades del alma, con paciencia científica y corazón inmenso. Fuerza tranquila la de Françoise Dolto, en sus investigaciones sobre la causa de los niños, la dificultad de vivir o la sexualidad femenina. Fuerza tranquila de las cientos de mujeres que desfilan en los ensayos recopilados por Sara Beatriz Guardia que hoy celebramos y que tenemos entre manos. La mujer no se desespera, ha tenido mucho dolor y responsabilidad durante miles de años, nuevos desafíos, nuevos retos la esperan y sabrá vencerlos como antaño, como hoy, como siempre. El sinónimo de mujer es la palabra esperanza.

He reservado para el final mi más encendido elogio a la fuerza tranquila de Sara Beatriz Guardia, amiga de tantos años. Ella vino al mundo con un peso intelectual que al mismo tiempo le iba a ayudar y a dificultar su tarea de estudiosa. Es un privilegio, sin duda, ser hija de César Guardia Mayorga, uno de los intelectuales más originales del Perú contemporáneo, pero al mismo tiempo es una valla muy alta que ella conoció desde que tuvo uso de la razón.

Sara Beatriz Guardia ha sabido abrirse paso en un universo hecho para los varones, lentamente ha sabido ganarse un espacio en una sociedad habitualmente mezquina para reconocer los méritos de sus ciudadanos y más aún de las mujeres intelectuales. Todavía no hemos pasado el tiempo de la sonrisa cuando se habla de las cultas latiniparlas. Soy testigo de excepción de sus andanzas por la Universidad de San Marcos, de sus primeros pasos como periodista de garra, de su sostenido ascenso en la consideración general. Podría decir que ella me ha habituado a las sorpresas. Un día gana un premio internacional con un libro de cocina, refinado como el que más, otro día perora en una Universidad francesa o en foro mexicano sobre Micaela Bastidas o Flora Tristán, otro día organiza un coloquio internacional o nos ofrece un libro sobre un Mariátegui casi desconocido, sola contra el mundo, y después cosecha amigos y colegas en los más apartados rincones de la tierra. Es una mujer de buena madera. Ya que en esta exposición he hablado algo del poder, quisiera decir que con mujeres como Sara Beatriz Guardia en los puestos de decisión, con gentes como ella de sostenido aliento, la palabra esperanza recuperaría su primigenio sentido, su frescura original.